Hay aprendizajes que no caben en un aula.
Que no se explican en un temario ni se evalúan en un examen.
Se viven.
Y eso es exactamente lo que Mireia y Júlia están empezando a experimentar en su movilidad Erasmus+ en Portugal.

Después de haber completado su formación práctica en Valencia —una en un centro de salud y otra en un centro de diálisis— ahora dan un paso más. Finalizan su periodo de prácticas cambiando de entorno, de idioma, de rutinas… y también de perspectiva. Pues trabajar en un centro de mayores en otro país no solo implica aplicar lo aprendido, también adaptarse, observar, resolver y, sobre todo, crecer.

Al llegar al destino hay que instalarse, ubicarse, llenar la nevera… superar pequeños retos que, sumados, construyen algo mucho más grande: AUTONOMÍA.
Durante los primeros días, además de acompañarlas en los trámites y en la toma de contacto con su nuevo lugar de trabajo, también hubo tiempo para algo igual de importante: disfrutar.
Oporto nos regaló una jornada de turismo en la que pudimos descubrir algunos de sus rincones más emblemáticos. Pasear por sus calles, admirar sus azulejos, dejarse sorprender por su esencia… momentos que también forman parte del aprendizaje y la cultura, porque ayudan a abrir la mente y a conectar con el entorno.

Las semanas que tienen por delante estarán llenas de pequeños desafíos: nuevas formas de trabajar, diferentes maneras de comunicarse con los pacientes y residentes, situaciones inesperadas que requerirán iniciativa y criterio. Y justo es ahí donde se construye la verdadera madurez profesional.
Porque ser auxiliar de enfermería no es solo conocer las técnicas a aplicar. Es saber estar, saber adaptarse y saber responder cuando el contexto cambia. Y hacerlo desde la empatía y la paciencia. Y eso es exactamente lo que esta experiencia les va a aportar.

Dentro de un mes, cuando nos cuenten sus vivencias, seguramente hablarán de anécdotas, de aprendizajes y de momentos que les habrán marcado. Pero lo harán ya desde sus nuevas personalidades cargadas de más conocimiento vital.
Y ese, sin duda, es el verdadero valor de esta experiencia ERASMUS+.